miércoles, 7 de enero de 2009

Masacre en Gaza: los heridos que se desangran sin recibir ayuda

“Acaban de bombardear el hospital de Yabalia”, afirma Alberto Arce por teléfono. Se lo nota alterado, conmovido. “Pasó hace unos minutos. Estábamos hablando con los médicos cuando un misil cayó a pocos metros”.

Ante la censura de Israel, que no permite entrar a los periodistas a Gaza, Alberto se ha convertido en nuestros ojos y oídos, más cercanos en acento, en idiosincrasia, dentro de la franja. Está en el campo de refugiados de Yabalia, uno de los sitios de mayor pobreza en esta franja a la que, a golpe de bloqueo, se la ha sumergido en la miseria, se la hecho volver en el tiempo.

Le pregunto a Alberto por las víctimas civiles. Narra la constante llegada de heridos y muertos al hospital, que cuenta con financiación española, entre ellos mujeres y niños. Lleva dos días sin dormir. Pide al gobierno español que actúe en defensa de los inocentes. Confirma también que dos ambulancias fueron atacadas por el Tsahal. Sus integrantes murieron: cuatro paramédicos. Estos se sumarían a los dos médicos asesinados el día 31 de diciembre.

Atacar al personal sanitario

Una vez más, el personal sanitario se convierte en víctima de los militares israelíes. Sucedió en la guerra de Líbano de 2006 (recordemos las dos ambulancias de la Cruz Roja Libanesa, con pacientes en su interior, bombardeadas a las afueras de Tiro) y en las anteriores incursiones en Gaza, como hemos contado en este blog.

En el pasado, cuando había heridos o muertos, la gente llamaba a los hospitales. También se ponía en contacto con las radios (la mayor parte de las radios en Gaza están adscrita a una organización u otra organización: Hamás, Fatah, Yihad Islámica).

Los gritos de dolor, los pedidos de auxilio, de los familiares de los heridos, o de los vecinos, resonaban en las ondas, y así se ponían en marcha las ambulancias que se dirigían al lugar del ataque (lo mismo para los periodistas que, al tener las radios siempre encendidas, sabíamos hacia dónde ir).

Asimismo, las familias llamaban a las radios cuando los soldados israelíes tomaban sus casas y las encerraban en alguna habitación para usarlas como escudos humanos. Sus voces, asustadas, pedían agua, comida. Pero también reclamaban la intervención de los vecinos árabes, de Europa, de la ONU.

Sin medios para comunicarse

En esta ocasión, la mayor parte de las líneas de Jawal, la compañía telefónica palestina, han colapsado debido al bombardeo de transformadores, según informa Amira Hass en Haaretz. Por esta razón, pedir ayudar médica resulta mucho más difícil. Ella misma, que vivió en Gaza durante tres años, fue telefoneada por antiguos amigos que le pedían auxilio. Así cuenta lo sucedido:

“Sábado por la noche, un obús o misil alcanza la casa de Hussein al Aaiedy y sus hermanos. Veintiún personas viven en esta casa aislada, situada en la zona agrícola del barrio de Zeitún, al este de la ciudad de Gaza. Cinco personas resultaron heridas: dos mujeres de ochenta años (su madre y su tía), su hijo de 14 años, su sobrina de 13 años y su sobrino de 10 años”.

“Veinte horas más tarde, los heridos aún están sangrando bajo un techo del patio de la casa. No tienen electricidad, no tienen calefacción, no tienen agua. Sus parientes están con ellos, pero cada vez que intentan salir a buscar agua, el ejército les dispara”.

Finalmente, al recibir la noticia, uno de los vecinos la llamó. No había nada más que pudiera hacer. Amira, a quien hemos entrevistado en este blog, y que es autora del libro “Drinking the sea at Gaza”, se puso en contacto con la organización israelí Médicos por los Derechos Humanos. Ellos telefonearon al Ejército, pero los oficiales responsables de la coordinación de ayuda no les devolvieron la llamada.

Permiso denegado

Esa es la lógica que siguen las ambulancias en Gaza, que pertenecen mayoritariamente a la Media Luna Roja. Se acercan a la zona donde les han informado que están los heridos, y entonces empiezan las negociaciones con el Tsahal para que les dejen acceder, que las lleva a cabo el Comité Internacional de la Cruz Roja. Según afirma Sharon Lock desde Gaza, integrante del International Solidarity Movement: “los israelíes niegan constantemente el ingreso del personal médico”.

El único medio internacional que ha logrado colarse en la franja, Al Jazeera en inglés, narra día a día lo que sucede en el principal hospital: Al Shifa. Una labor extraordinaria, de la que es desde hace tiempo la mejor cadena de noticias internacionales por su cobertura en sitios como Somalia, Darfur y Afganistán. Por su periodismo de investigación, pausado, se aleja del habitual "show descontextualizado" de las noticias en televisión.

Allí, los médicos trabajan en turnos de 24 horas para atender a los heridos, que se amontonan en los pasillos. Se quejan de la falta de medicinas. Las imágenes que muestra la cadena, de padres que llegan en busca de sus niños, para encontrarlos muertos en el suelo, resultan profundamente conmovedoras. Llevan cuatro días sin corriente eléctrica. Sólo funcionan con generadores. En el caso de que fallasen, no pocos heridos en cuidados intensivos perderían la vida.

El valor de los médicos

En este blog hemos tenido la posibilidad de entrevistar a numerosos médicos en zonas de conflicto, como el doctor Ibrahim Faraj, que pasó 33 días encerrado en el hospital Hiram de Tiro, o el doctor Denis Mukwege, que rescata a la mujeres violadas en el Congo.

Nuestra admiración por ellos, por su valentía. También por los conductores de ambulancias y paramédicos que se juegan la vida para acercarse a los heridos en medio de los tiroteos y bombardeos. Son la expresión silenciosa, anónima, del coraje y el compromiso ante la barbarie.

En este caso, la barbarie se vislumbra en las palabras de la ministra Tzipi Livni, que ha negado la existencia de una “crisis humanitaria” en Gaza. Si sumamos el hecho objetivo de que la población de la franja lleva casi tres años de bloqueo de sus bienes básicos: gasolina, medicinas, alimentos, electricidad, a lo difícil que resulta en estos momentos brindarles cualquier clase de ayuda, el diagnóstico resulta sin dudas el contrario.

Saber que en ahora hay gente en sus casas, desangrándose, hambrienta, sedienta, sitiada por la oscuridad, por las bombas, produce una honda desazón. A diferencia de otros conflictos, en Gaza la gente no tiene a dónde huir debido al bloqueo de las fronteras por parte de Israel. Gaza es una gran prisión, una ratonera. Y ya hemos visto, que quienes encontraron refugio en escuelas de la ONU, han sido atacados. Hoy, 40 personas murieron en uno de estos centros financiados por la comunidad internacional (es el tercer ataque contra una escuela de la ONU en lo que va de ofensiva).

“Lo que tenemos aquí es el resultado de esta operación militar. Alguien tendrá que dar cuentas de estas acciones”, señaló hace unas horas John Ging, director de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos. No se encontraba en un despacho a cientos de kilómetros de distancia, sino en la puerta del hospital Al Shifa. Asimismo, alabó la labor de los médicos, su entrega.

Por su parte, Christopher Gunness, portavoz de UNRWA declaró: “La organización para la que trabajo tiene entre nueve mil y diez mil empleados en el terreno. Ellos hablan con los habitantes ordinarios de Gaza. La gente está sufriendo. Una cuarta parte de todos los asesinados ahora son civiles. Por eso cuando escucho a gente decir que está haciendo todo lo posible para evitar las víctimas civiles, me suena a un discurso hueco”.


Tomado del blog 20minutos.es

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