viernes, 27 de febrero de 2009

Hitler y ARENA. Una comparación objetiva.

Durante la segunda guerra mundial, los alemanes y seguidores de Adolfo Hitler, no lo consideraban un ser malefico, ni maligno. Para ellos, Hitler, estaba haciendo las cosas correctas.

Para ellos la eliminación sistématica de Judíos era lo correcto, aún y a pesar de que todos los demás dijeramos y supieramos que era asesinato, genocidio y barbarie. Que eso estaba muy mal, que no era bueno pues.

Los judios y otros sufrieron horrores con Hitler. Pero los seguidores del Fuhrer creían en él, lo admiraban y no se lograban dar cuenta de que no estaba haciendo lo correcto. Alemanía sin las dos guerras mundiales quizá sería mucho más potencia de lo que es ahora.

Pero eso es un capítulo de horror europeo. ¿Qué tiene que ver ARENA con todo esto?

No voy a comparar la eliminación sistemática de enemigos, tampoco la mentira y campaña de negatividad y odio, y menos los horrores en el gobierno que ARENA ha hecho. No hay comparación verdadera; aunque para algunos los campos de concentración y tortura fueron una realidad en El Salvador más que cualquier horror en la segunda guerrra mundial. Eso fue lo que verdaderamente sufrimos.

La comparación la haré con los seguidores de ARENA. Pues allí hay mucha gente buena, gente correcta que sigue los principios doctrinarios de su partido. Hay gente que cree en El Salvador y esta ciega con la política sistemática de engaño del partido de gobierno. Gente que le cree, gente que daría la vida por El Salvador, pero que ha caído en el engaño; gente de la que se han aprovechado, gente que es más fiel que cualquier otro a El Salvador.

Pero esa gente no se da cuenta de que el monstruo que pinta ARENA no existe, y que en el caso de existir solo lo hace en la mente perniciosa de los dirigentes que siguen.

Es como el caso de esos dirigentes religiosos que han logrado suicidios en masa, colectivos, haciéndole creer a sus seguidores doctrinas diferentes al verdadero amor de Dios.

Eso es lo que ha hecho ARENA, los ha hecho creer en un amor falso hacia El Salvador; por lo que le tiene tapado los ojos a mucha gente, a mucha gente buena, a muchos buenos Areneros. Ojalá y se den cuenta que las cosas pueden cambiar, que no hay monstruos, que no hay come niños, y la demás sarta de mentiras.

Yo no quiero la tumba de ARENA, yo quiero que ARENA y muchos más partidos en El Salvador aprendan que la democracía se hace y se vive con la verdad. Quiero partidos que hagan pluralista mi país, y puedan desde una perspectiva madura cambiar las cosas, señalar los errores de los otros, pero primero los propios, por el bienestar de mi gente. Los salvadoreños.

Eso es útopia, pero las útopias son aquellos sueños que nadie se ha atrevido a realizar. Yo los invito a realizar el sueño de muchos salvadoreños, un país verdaderamente democrático, que salga adelante con todos los salvadoreños incluídos.
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