miércoles, 18 de junio de 2008

Rodrigo Ávila defiende el impuesto de 4 centavos a los inmigrantes salvadoreños en el exterior

Al igual de fácil que le resulta a la pluma puntiaguda de Federico Hernández Aguilar hacer blanco en personajes como Salvador Arias y otros que él sabe tienen una diana tan visible como una catedral para clavarles la flecha, así mismo de fácil nos resultaría hacer blanco todos los días de Rodrigo Ávila, candidato presidencial en el 2009 por el partido ARENA, pues el hombre no únicamente anda un poco perdido en las encuestas, sino también en las cuestiones mínimas de su trabajo como es el control del lenguaje y el análisis de respuesta que se requiere para convencer al país que es él quién está mejor preparado para solucionar los problemas de fondo que afectan al pueblo, por mencionar solo dos, ahora que andamos ya en campaña electoral. (Foto:FOTO DE LA PRENSA/Flor Lazo)

Es buena gente, de eso no hay duda, pero no deja de ser una presa fácil para el análisis crítico como el que practica el amigo Federico Hernández Aguilar cuando selecciona el blanco de sus presas, quien por su puesto no hará un blanco del Sr. Ávila, pues son del mismo partido. En realidad cualquier político salvadoreño puede ser blanco fácil, solo hay que apuntar y apretar el gatillo, la cuestión está en hacer editoriales proporcionadamente equilibrados de acuerdo al poder que ejerce cada cual.

Hoy escrutamos al candidato presidencial por ARENA, como lo haremos con Mauricio Funes en su día, pues él también es mortal y tienes sus fallos, no tanto como candidato, eso vendrá más adelante en la campaña como parte de nuestro análisis político, sino como defensor del impuesto a las llamadas entrantes de los hermanos lejanos.

El Sr. Ávila dice respecto del impuesto a las llamadas de los inmigrantes salvadoreños fuera del país que es "una medida que beneficiará a las personas más necesitadas en el país gracias a la solidaridad de los salvadoreños en el exterior". La primera imprecisión de Ávila es que la ley de ese impuesto no especifica ningún programa social concreto, por lo que el impuesto puede ir a para a cualquier programa del gobierno, incluido el subsidio al transporte o a la ya obscena publicidad institucional.

La segunda es que habla de la “solidaridad de los salvadoreños en el exterior” cuando la medida en realidad viene a encarecer por la fuerza un producto de consumo cotidiano, como el pan o la leche, de los salvadoreños que vivimos en el exterior: las llamadas telefónicas a nuestras familias. No se puede obligar a pagar a alguien un impuesto sobre un producto cotidiano y decir que son solidarios, encima sin consultas ni debates previos. Es una entelequia que no requiere de grandes entendimientos. Ud, impone un impuesto y hay que pagarlo por la fuerza, ¿dónde está la solidaridad? La solidaridad es otra cosa. Los $4,000 millones en remesas oficiales a nuestros familiares por ejemplo.

Ávila haciendo uso de sus dotes y razonamientos económicos dice "el dinero no se puede cortar de los árboles y que hay que sacarlo de algún lugar para seguir financiando programas sociales que beneficien a los más pobres". Nuestro pueblo quizás sea ignorante, pero este tipo de obviedades no lucen bien en el coeficiente intelectual de un aspirante presidencial, por muy atrasado que sea su pueblo. Bastaba con decir “que hace falta sacar de algún lado financiamiento para proteger a los más débiles de la crisis que nos afecta”. Lo del dinero en los árboles sobra.

En su visión del ahorro, Ávila vuelve a enredarse situando los espacios del ahorro en el lugar equivocado: en los ministerios y otras dependencias burocráticas del Estado, cuando el gran despilfarro está en verdad en el Ejecutivo concretamente en la unidad de Comunicación de Casa Presidencial, donde se podrían ahorrar entre $17 y $80 millones del gasto de la publicidad en esa unidad gracias al despilfarro situado entre $20 y $110 millones. El rango es disperso por que el dato no es de dominio público. Lo que está claro es que la publicidad institucional en la actual administración se ha triplicado, en los presupuestos ejecutados sobre el papel, y en términos reales el gasto podría estar en decenas de millones. Ahí hay un gran espacio para apretarse la cintura y ahorrar muchos millones de dólares.

A falta de las explicaciones que nos son debidas, como parte afectada, pues nadie en el ministerio de RR.EE. ha salido con ningún comunicado explicando en detalle la medida, sale el Sr. Ávila al cruce de la prensa a quienes dice que los
salvadoreños en el exterior están contentos por el uso que se daría a este cargo.

No hemos visto a ningún salvadoreño u organización salvadoreña retozar de alegría por el dichoso impuesto social. Al revés, con perdón,
la gente está un tanto puteada con la medida.

Lo que consigue Ávila con este tipo de declaraciones es demostrar que no tiene el más mínimo conocimiento del sentir popular salvadoreño en el exterior. Nadie duda de que se necesitan más programas sociales, pero una cosa es el deseo hacia los nuestros y otra cosa es ese impuesto que se han sacado de la manga de la camisa de un día para otro sin consultar con nadie. ¿Dónde está esa concertación nacional de la que habla quien está haciendo el plan de gobierno de Ávila, el inteligente Luis Mario Rodríguez? ¿Cómo es que en una democracia no se debate un impuesto que es 3 o 4 veces mayor que el impuesto de los combustibles?

Ávila apoya la medida, pues no le queda otra, sin haber participado en su diseño, pero puede ser él quien pague los platos rotos, pues nada cuesta hacer de una “llamada telefónica” un fin de semana cualquiera con nuestros familiares, una arma electoral en contra, una recomendación familiar para que nuestras familias voten en contra de quienes están detrás de la medida.

Como dice Raúl Fuentes, un residente de aquí de south central en Los Ángeles, “tengo familia, mi papa, mi mama, y mi hermano y mi cuñada, de educación primaria, los que se dejan influenciar más fácilmente por propagandas políticas y que siempre votan con ARENA, que están deseando de mi consejo sobre a quien deben votar esta vez que las cosas no estan tan claras, pues yo les mando para el ‘con que’ y me respetan”. “No les diré a quien votar pero si a quien no deben votar”.

Como Raúl hay decenas de miles de salvadoreños, basta con que cada uno haga lo que va a hacer Raul, influenciar el voto de nuestros familiares, los padres, el hermano y la cuñada, para castigar a aquellos que han subestimado el efecto negativo que puede tener el llamado “impuesto social” de los hermanos en el exterior.


Publicado Originalmente por: http://salvadorenosenelmundo.blogspot.com/
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