jueves, 3 de julio de 2008

Extractos de Guerra del Comandante Ramiro Vásquez


El Combate Urbano es muy diferente que el rural

Hay que decir que las primeras horas de combate y los primeros días de combate, fue ese proceso de superar estos problemas del traslado, viendo además nuestro problema central, que era como aprender a combatir en el area urbana, en la ciudad. Y el mayor número de bajas guerrilleras se produjo justamente durante los primeros tres días de combate, lo cual se explica por diferentes razones.

Primero por la perdida de esa experiencia del combate urbano, que había sido seis años antes y con otra tropa. Segundo por el hábito nuestro de cultivar en el compañero el respeto a la propiedad de la población y sobre todo, a la propiedad de una población que era amiga y que le estaba dando comida a los combatientes.

Entonces entrar y romperles las paredes a las casas y hacerles una zanja enmedio de la sala a una gente que nos estaba ayudando, para ellos, los combatientes nuestros, era un problema complicado, dificil de descifrar en su cabeza. Nosotros llamamos a las jefacturas, los sentamos y les dijimos: "miren que tienen que romper las casas, hay que pelear dentro de las casas, hay que avanzar dentro de las casas, fortifíquense dentro de las casas". Sin embargo cuando salíamos de noche a revisar la líneas de fuego, nos dimos cuenta que los combatientes continuaban en las trincheras que habían hecho en las calles. Eso facilitaba al enemigo el uso de las granadas y las concentraciones de fuego sobre nuestras posiciones. Fue muy costoso en terminos humanos, el que no se cumplieran a tiempo las ordenes, quizas el 40 por ciento de los heridos que tuvimos, se registraron en los primeros tres días de la ofensiva. Después de eso, se nos facilitó el avance nuestro y la contención de las fuerzas enemigas que trataban de desalojarnos. Y los compañeros lo comenzaban a sentir así. Lo más significativo de todo eso fue que la misma población, el mismo dueño de la casa, incluso, les ayudaba a abrir el hoyo en la pared, y abrir la zanja en la sala de su casa. Y seguía haciendo el café y seguía haciendoles los hoyos para entrar, es decir, fue practicamente la población que dio la pauta en este sentido. Como decía, esto tiene que ver con la educación que inculcamos a los combatientes, de respeto absoluto a los bienes de la población. En Guazapa sancionábamos a los compas si arrancaban un elote tierno de las milpas( mazorca de maíz tierno) y, en las marchas si cortan un tomate de los huertos. Los ponemos hacer trincheras o bien, frente al pelotón de la unidad, una fuerte reprimenda. Entonces ellos piensan, si los sancionamos por un elote ¿cómo no lo vamos hacer por abrirle un hoyo a una casa?.


El Contra ataque Enemigo
Penetramos a la capital el sábado en la noche. Y durante toda esa noche huvo combates con las líneas de defenza, pero fué hasta el 11 de la mañana del domingo 12, que la fuerza enemiga realizó el primer intento de desalojo, ya organizado, con medios blindados y todo eso. El combate estuvo apretado porque justamente sucedio en el marco de nuestro problema ese, de la superación de nuestras formas tácticas de operar y, además del cansancio que teníamos luego de dos noches y dos días sin dormir y llenos de tensión. Porque estábamos tensionados, combatientes y jefacturas del Alto Mando, que se le reflejaba a uno hasta en la misma cara, desencajada, abatida... y el apretón inmenso de las fuerzas enemigas.

Entre la 1:00 y las 2:00 de la tarde de ese día estuvieron a punto de sacarnos. Tuvimos que hechar mano a todo para detenerlos. La presión y la organización que ellos hacían de sus fuerzas era muy fuerte. Estuvieron a 70 metros del puesto de mando y ellos lo sabían. Decían: "Es el puesto de mando el que nos interesa, allí estan esos babosos". Y sabían que a la vuelta de la esquina, hasta donde llegaron las tanquetas, estaba el mando.

Sin embargo, a las 4:00 de la tarde de ese mismo día derrotamos esas fuerzas. En la noche, nosotros tocábamos las puertas de las casas y la gente no abria. Hablaba allí y se quedaban callados. No hubo contacto con la población.

Una que otra gente, que era de organismos comunales, sindicales, salía y nos decía un par de cosas, pero luego se volvía a meter en sus casas.
La población adquiere Confianza


Después de la derrota de la Policía de Hacienda y la Guardia Nacional, la población que se había mantenido recelona, a la expectativa de los acontecimientos, cobró confianza en nuestra capacidad militar y comenzó a comunicarse con los combatientes y jefes, ya de forma más fluida.

El lunes la gente se volcó a la calle. Aquello parecía una feria. Mucha gente abriendo trincheras, arrancando los adoquines. Y los adoquines de las calles de Ciudad Delgado no nos resultaron tan facil de arrancar. En otras partes estaban pegados con arena, pero allí los pegan con cemento. Entonces hubo que romperlos con barra. Eran numerosas gente arrancando adoquines, haciendo las zanjas antitanques, las zanjas para protegerse del fuego de la aviación.

El martes el enemigo volvio a organizar un contraataque, pero nos halló un poco más asentados y los derrotamos nuevamente. Les destruimos ese día dos tanquetas. Eso nos consolidó aun más y acentuó la relación con la población. Ya la gente sintió más confianza, era más abierta la relación. A partir de lunes y el martes comenzaron a florecer un montón de comités de toda naturaleza, para andar controlando las bodegas que tenían alimetos, para transportar heridos, los comité de defensas que eran esos que hacian los hoyos y las zanjas anti-tanques, para controlar a los orejas (soplones).

Hubo florecimiento de la organización y comenzaron a formarse las columnas guerrilleras de gente recien incorporadas. Esta tenía varias características. Había gente que decía: "mire, participo combatiendo con ustedes, pero en la noche". Y efectivamente en la noche, a las 6:00 de la tarde, comenzaban a aparecer. Les fuimos dando misiones, les asignamos hacer postas, para que los combatientes durante la noche descansaran. Claro que combatieron en la noche, pero no era el combate nocturno el más fuerte. Uno podía dormir realmente en paz. Habían otras personas que se metían a tiempo completo y otras que después de la primera noche de estar allí, decían: "No, yo me voy a quedar aquí" y se incorporaban.

Ese lunes sacamos la primera columna hacia la retaguardia, con dos hombres armados y el montón de jóvenes, a traer armas para armarlos. Al día siguiente, el martes, se ubicaron ya equipados y a ocupar posiciones e incorporarse plenamente. Hay que decir que eran estudiantes y gente sin empleo. Las primeras incorporaciones se dieron con "cipotes" que comenzaron a combatir el mismo día que vinieron, con mucha fiereza, aunque con los problemas de diciplina normales. Pero con gran audacia y valentía. Incluso por el conocimiento detallado que tenían del lugar, constituyeron un gran apoyo a las jefacturas. Daban sugerencias, recomendaciones, en muchos casos, valiosas y oportunas; Por ejemplo, decían: "Mirá Comandante, allí donde nos ha puesto ese jefe nos van a ver bien, decile que mejor nos pongan mas abajo. Andá, decile a esos que se metan".

Un aspecto importante en cuanto a la incorporación de las masas al combate, fue la variada extracción social de su procedencia. Pese a que se incorporaron algunos vagos y hasta ladroncitos, al ubicarse de inmediato en las líneas de fuego, la gente, a partir de ese momento, ya los media con otros criterios, pues se estaban fajando, estaban combatiendo, lo cual, los reinvindico en el acto como personas. Es decir, su incorporación no obstruyó la participacióm de otros sectores sociales.

Algo parecido sucedió en las Colonias de Apopa, en la Chintú, muchas incorporaciones de gente. Allí fue más rápido y más espontáneo. Son colonias nuevas donde hay bastante gente que ha estado relacionada con la guerra, son desplazados del interior del país. Fue una incorporación así, muy rápida. Mucha solidaridad con los compañeros. Lavándoles la ropa, haciéndoles trincheras, abriendo hoyos en las casas, yéndoles a recoger información de las posiciones enemigas. Allí hubo combates, pero no fueron tan fieros como los de Ciudad Delgado y Mejicanos, hubo ataques aéreos más fuertes, pero la gente también se sentía protegida por nuestra fuerza militar.

Los jóvenes de Ciudad Delgado, después de cada combate, tanto era su entuciasmo que corrian hacia el puesto de mando a contar que habían sacado correindo a los soldados enemigos y contando cuantas bajas les habían ocasionado. Así se fueron metiendo.

Ya para el miercoles sacamos otra columna de jóvenes recien incorporados. Entre el sábado y el miercoles, tuvimos decenas de incorporaciones y no teniamos esas bajas. La incorporación fue buena. Se había abierto y comenzaba a ampliarse. Por ejemplo, el día que yo salí de Ciudad Delgado hacia la Escalón, quedarón organizados en grupos de apoyo al combate(de información de apoyo y otras cosas), decenas de muchachos que venían ya para adentro. Habían recibido la instrucción del uso de las armas que nosotros cargábamos en el área y toda la proyección era meterse de combatientes.

Y entonces comenzaron a caer las bombas

Nosotros valoramos que justamente en ese punto es que el enemigo se decidió a usar la aviación y la artillería masivamente contra la población. Cuando entramos a Ciudad Delgado, ellos cerraron los barrios. Solamente dejaban entrar, pero no dejaban salir. A partir del martes, miércoles, cuando ellos se dan cuenta que el planteamiento es que la población nos respalda, que nos apoya, que eso está así, cambian el discurso y a través de altoparlantes comienzan a llamar a la población a que nos abandone, amenazando que iban a bombardear, que iban a atacar con artillería.

Parece que no habían tomado la decisión todavía, pero comenzarón a utilizar las amenazas como presión, y a partir del miercoles comenzo el ataque artillero, primero fue artillero fuerte, con cañones de 155 mm, desde la base de la Primera Brigada de Infantería, luego metieron los tanques sobre Aguas Calientes y ahí, por las calles alrededora de Cartografía y la Farmacia La Salud, comenzaron a tirar sobre los barrios. Directo hacia los barriso. Luego fue el uso de la aviación.

Entonces fue notorio que la población comenzó a encerrarse, mientras había helicópteros, uno no miraba un alma en las calles. Los primeros días no fueron así, como la aviación solamente la usaban solo para transporte y otras cosas, o las usaban en otras áreas, en las carreteras andaban los helicópteros y los aviones C-47, y toda la gente moliendo en el molino, moviendose por aquí, por allá, consiguiendo pan sin problemas. Pero después comenzo la reacción de protección, de abrir zanjas dentro de las casas y, por último de abandonar los barrios, producto de la intencidad del bombardeo de la artillería, como una necesidad lógica de salvar vidas.

Tomado de http://www.ecumenico.org/leer.php/583
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