martes, 17 de agosto de 2010

Lo discusión más excitante de El Salvador: Las Cachiporristas

Y para todos los mal pensados, no se hagan ilusiones, cuando digo excitante no es por las piernas o la belleza de nuestras chicas; es por lo candente y trascendental del debate sobre las cachiporristas; un debate y una discusión que cambiaran la vida de los salvadoreños; un debate que cambiará el rumbo de nuestra nación.

Cuando este debate comenzó en nuestros periódicos, no crean que no me vi tentado a meter mi cuchara; pero me abstuve, pues pensé demasiadas cosas; El Salvador un estado Talibán, un estado ortodoxo, El Salvador un estado machista y misógino.

Quizá las feministas, entre las cuales tengo muchas amigas, aunque ellas no se acuerden de mí, dirán pero que barbaridad, cómo permitís que se explote a las niñas de esa manera. Quizá los clérigos de las diferentes sectas cristianas, entre ellos católicos y protestantes se estarán dando golpes de pecho orando con los labios para que quiten a las pobres mujercitas esas de los desfiles patrios y de cuanta cosa se pueda. Y cuando digo con los labios es porque no creo que lo hagan con el corazón. No la gran mayoría.

Yo por mi parte sigo lamentando la miopía de mis compatriotas; ¿las cachiporristas imagen del sexismo salvadoreño?

Creo que no, creo que son de las pocas tradiciones que le quedan a El Salvador, creo que es la oportunidad para que miles de niñas y adolescentes se olviden un poco de los traumas de la pobreza en la que vive mi tierra; creo que ser cachiporrista les permite realizar sus sueños de vanidad, sueños inocentes y validos.

Cuando digo sueños de vanidad, me refiero no al pecado, cosa en la que no creo, sino a esa parte del sexo femenino que les permite ser ángeles en la tierra. Cada mujer, indistintamente de su edad, añora con ser la más linda, la más llamativa, la más bonita. Las cachiporristas son como Miss Universo para la majada, donde las chicas tienen una pequeña oportunidad de ser bellas sin pudor ante todos.

La mirada lasciva, picara o degenerada de los demás, léase hombres y mujeres, esa es aparte, esa es responsabilidad de cada quien. Prohibir las cachiporristas es la ante sala para prohibir las minifaldas, y las sandalias; para luego pasar a prohibir los pantalones en las mujeres, pues provocan la mente degenerada de algunos mojigatos y de otros degenerados.

El sexismo con el que se vea a esta expresión cultural salvadoreña depende de la formación moral y ética de cada quien, no de su vestuario o piruetas o del conjunto de belleza joven salvadoreña. El sexismo radica en la falta de moral y ética de nuestros líderes políticos, religiosos y sociales.

En lugar de prohibir las cachiporritas procuren impartir ética y moral, civismo y cultura en todos los estratos de la sociedad, comenzando por las instituciones de gobierno, las religiosas y sociales.

Ah que dirá Lula, ¿tendrá que prohibir el desfile de Rio do Janeiro?
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