domingo, 8 de agosto de 2010

"Comce Molla", de Torcuato Tasso II

Nota: Le damos la bienvenida a nuestra comunidad a Torcuato Tasso II, y le agradecemos su colaboración, esperamos que nuestros lectores disfruten tanto como nosotros de este su primer escrito en  Frijolitos Salvadoreños.

"COMCE MOLLA" de Torcuato Tasso II



Norteaba la milpa entre los surcos, donde se perdían los suspiros y las oraciones de los que oraban cotidianamente, cuando la lumbrera desesperada asomaba en el oriente, callando a los gallos que bajaban desesperados de los árboles, sacudiéndose las alas, para llamar a las gallinas y bailar al rededor de ellas.
También se escurría el humo en aureolas en dirección al cielo, tropezando con las hojas del árbol de copinol, donde descansaba Comce Molla, al pie de sus raíces, el residuo del humo que los pulmones no querían, quizá porque estaban concatenados con chaparro, y mezclados con la locura que jugaba, con la suerte del pobre Comce Molla.

Todo el mundo conocía quien era Comce Molla, él gritaba, pegaba con su corvo desenvainado en los tallos de los árboles y en las piedras, dando filazos a quien se ponía enfrente, y tirando pocos de saliva teñidas con tabaco mascado, que a veces le estilaba en la camisa y le llegaba hasta el pantalón; no creía en Dios, solo creía en su corvo, el botellón con chicha de etiqueta tres puentes. Era una estampa, delgado, alto con grandes pómulos, ojos hondos, sin dientes, que cuando hablaba tenía que hacer un gran esfuerzo, no lo querían ni los perros que su familia tenia en su propia casa.

La familia de Comce Molla. La esposa, Chila de Molla, los cuatro hijos; Chepe Molla Chente Molla, Chús Molla, Chano Molla, y una hijita Chita Molla. La Chita Molla, tenía los ojos hundidos, color claro como la miel de chumelo, su tez igual al color que tiene una gallina cuando le han quitado las plumas; Siempre andaba descalza, su pelo era rizado color castaño, pero se le miraba negro quizá porque no se bañaba; con un vestido floreado y roto por todos lados, bastante mugre de no lavarlo. Chente, Chús, y Chano Molla, tampoco le perdieron herencia fisiológica a su padre, eran la sombra fiel de su esfinge.

Cierta vez, Comce Molla , como de costumbre andaba completamente ebrio, sin darse cuenta que estaba en su rancho , comenzó a dar de filazos a los horcones del dicho aposento y boto la mitad de ellos , asustando a Chita Molla , que estaba obligada a meterse debajo del poyetón de la cocina.

Chita molla espero que su padre se le calmaran los nervios y la borrachera, luego salió corriendo para el patio tropezando con los puercos, las gallinas, cacaraquearon y los patos graznaron, en medio del gran desorden,
Comce Molla, se había quedado dormido sobre un barril con el corvo en la mano.

La niña corrió y gritando, sin detenerse de vereda en vereda hasta llegar al pueblo, donde encontró a su madre, doña Chila, le contó lo sucedido, Chila al verla llorando, abrazó a su hija y en su mente dijo:

-Hoy es el momento, tengo que decidir, mi Chita o mi muerte, mejor me voy lejos de aquí,

-Mientras la niña, se dormía en los brazos de su madre, de todas maneras, los otros tres hijos, habían corrido la misma suerte del padre y permanecían, como vagabundos, del pueblo al cantón y a la milpa del vecino, donde se aprovechaban de cortarle los elotes y con amenazarlo arreglaban tal problema.

-De pronto: le apareció una sorpresa, quizá Dios, se la mandó como obra de destino para que la niña se salvara de la situación que estaban viviendo. Doña Chila, encontró un pariente lejano, a don Mincho Molla, que tenía un gran parecido con la niña, nada más que tenía pelo liso y ojos pardos; este pariente los llevo a la ciudad donde él trabajaba, era en el mercado… De halar bultos y podía manejar la etiqueta tres puentes con delicadeza, todavía no alcazaba la locura, como la de su hermano Comce.

Doña Chila, se sintió aliviada, estaba más tranquila con su cuñado, que le ayudó, solo así pudo mandar a su hija a la escuela, lugar donde alcanzo una bonificación de todos los profesores, ellos tuvieron compasión, cuando se dieron cuenta de cómo había llegado la pobre niña a la ciudad, le dieron comida, un par de zapatos, y dos vestidos, parecía uniforme; la niña comenzó a cambiar
Y una que otra vez, lloraba al acordarse lo que había hecho su padre.

Una maestra, le dijo a doña Chila:
- Doña Chila, yo necesito alguien que me haga los oficios de la casa, ¿`Puede usted? Y así Chita, repasará las tablas de multiplicar y leerá con más frecuencia.

- Hay maestra y si se da cuenta el hijueputa de Comce, me mata… Por haber regalado a nuestra hija.

-Mira chita me puedes ayudar a llevar esta bolsa con exámenes a la casa y luego regresas con tu madre.

-Chita lo hizo contenta, y llevo las bolsas a la maestra.

Chila Molla comenzó a ir a la iglesia, se entregó con gran empeño y dedicación a Dios, ella oraba en las esquinas de los parques, y andaba de casa en casa predicando, y un día, hizo una promesa, de predicar en el parque del pueblo, día y noche, cuando comenzó hacerlo, amaneció un domingo postrada en medio del kiosco, pidiendo a Dios, perdón de todos sus pecados por haber dejado a su esposo Comce, perdido en el cantón y le dijo a la niña:

- Ande hija ayúdele a su maestra quédese con ella.

- La niña se encariño con profesora y todos los días, la encaminaba a la casa.

De esa manera Chita, se fue quedando en casa de su maestra, y al darse cuenta que su madre predicaba en el parque sin descanso, fue duro para ella, resignándose se quedó con la maestra.

El tiempo iba pasando que después de diez años, logró sacar su bachillerato pedagógico, en un Instituto Nacional, y luego entró a una Universidad privada a estudiar Licenciatura en Derecho, que después de diez años, logró graduarse en la carrera de jurisprudencia y ciencias sociales, luego comenzó a buscar trabajo sin encontrar, y todo porque mientras estaba en la universidad, estuvo obligada al Decano de la facultad de Derecho, quien le había sostenido la carrera, y tuvieron tres hijos. Rita, Ramona, Godofredo.

Después de un delirio, Chita tuvo una idea y dijo:

-me voy a cambiar el nombre, de ahora en delante me llamaré: Mayra Jeannette Molla. Y no regresaré al cantón de mis familias.

-Solo así, pudo conseguir trabajo de maestra en una escuela; y cuando le toca dar la clase de geografía, menciona las cabeceras departamentales, dejando a un lado los cantones, todo, porque no le gusta mencionar el cantón de su procedencia y no traer malos recuerdos de la infancia.

Un día andaba un señor delgado, alto, moreno y sin dientes; con un corvo envainado bajo el brazo, con una camisa y un pantalón mugre, con un puro chiricano en la boca, escupiendo por doquier, llegó ala casa de ahora; Maestra, Mayra Jeannette Molla, ella le reconoció inmediatamente y le dijo ¡vallase mucho a la mierda viejo desgraciado, respete a los maestros, pero el pobre Comce, no la reconoció;

Se fue Comce Molla, desilusionado y con preguntas en su corazon, bañado en lagrimas; quizá el humo del tabaco la hacia llorar o a lo mejor lloraba de remordimiento. Y se fue diciendo el pobre:

- ¿Que le habré hecho a esa señora ?, si solo quería una tortilla o una moneda para comer

¡Me ha maltratado, Dios mío que estoy pagando ¡

Yo ni la conozco, no se quien es, ni me interesa.

La maestra Molla, tenía visita desde un día anterior, con un Subdirector de un Colegio, quería tener otro trabajo, no le alcanzaba lo que le pagaban como maestra en la escuela. Para mantener a sus tres hijos que ya estaban en la universidad.

- Cuando le cerró la puerta al tal Comce, se le lanzó a los brazos al Subdirector suspirando grandemente. Le dijo

- - Te necesito no me desampares y te seré fiel hasta muerte.

- Al Subdirector le dio un poco de temor, se levantó lentamente y se fue al baño, después de diez minutos salió y se despidió de ella, con un beso forzado que se lo dio en la mejilla a la maestra.

- El subdirector, alcanzo a Comce Molla, se lo llevo a la casa y le dio un pantalón con una camisa y un par de zapatos; le preguntó por su familia y de donde era , Comce le dijo

- Soy del Cantón Molla,

- El subdirector era más humano, alquilo un a motoneta que estaba en el parque y lo llevó al Cantón Molla, de donde le había dicho el pobre viejo.

Al llegar al Catón, le dijo el viejo:

Déjeme aquí en esta milpa voy a trabajar.

- Era la milpa del vecino y se quedó Comce Molla, con su corvo bajo el brazo, sentado al pie del árbol de copinol, echando humo bajo las hojas , mordiendo mazorcas de maíz.

Y entre los surcos de las siembras, comenzó a nortear lentamente, comenzando a llegar alegres uno por uno, cuervos negros que se paseaban lentamente sobre la milpa y de la cabeza de Comce Molla.
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