lunes, 23 de mayo de 2011

Visita Celestial I, II y III, de Aristarco Azul

VISITA  CELESTIAL  I”

El remanso de la noche está madurando,
Mis sueños y  la sobrefunda de  luz lunar,
ilumina  el lecho donde  mi  cráneo  posa…

A esperar pacientemente  para que  se abra,
el baúl de mis recuerdos y duerma como
debo dormir, en  el mundo de las estrellas…

Me visitan  vestidos de arcángeles, ángeles,
y querubines, ¡a dialogar uno por uno,
entre las cuatro  esquinas  de mi rectángulo!
catre; hablan y hablan con tonos  celestiales…

Con su mirada en dirección al cielo  azul
sin importarles el sereno, el templado frío
¡para luego  cuando el alba  los sorprende
se despiden  dándome un beso en la frente!…


                                          Aristarco Azul
                                             




“VISITA CELESTIAL  II”



Por las oscuras noches,  ¡vagan dialogando!
en las cuatro paredes  de mi dormitorio
¡las voces  divinas, tiernas  y maternales!…

Estremeciendo a mi baúl de los recuerdos
que muevan a mi alma  frágil, ¡mustia y sola
a ordenar  en cadenas con cadenas  ciegas!…

El flujo de besos divinos y perpetuos
que viven grabados en las paredes  únicas
¡que noche anoche se limpian con pinceles
de sentimiento  como buenos artesanos!…

Artífices  del verdadero y purísimo
amor, que entregó una  diosa celestial
a este sencillo  ser viviente terrenal
¡quien anhela  de nuevo sus besos eternos!…

                   

                                    Aristarco azul
                                     



“VISITA CELESTIAL  III”


Entre los recuerdos más  dulces y divinos 
¡se encuentran los  besos  más sinceros y amados
de unos labios perfectos  que Dios  ha entregado!…

A un ser  inconfundible, digno con magnánimo
¡amor,  que vive muy dentro de mi  alma frágil,
dentro  del recóndito escondido en mi cuerpo!…

Que lo dicen mis palabras con el sentido
humano pueril,  al mundo entero superfluo,
¡sin que les incumbe  mis delirios  sensatos,
aunque se rían a carcajadas por doquier!…

Inverosímiles  de bocas  indecentes
¡que no pueden pronunciar  como yo, su nombre!
que Dios nos dio  como segundo mandamiento
siendo  nuestra descendencia diciendo: !MADRE!…

                                                Aristarco Azul
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