martes, 29 de marzo de 2011

La Capital Cocodrilandia, una narrativa de Aristarco Azul



“LA CAPITAL COCODRILANDIA”
POR: ARISTARCO AZUL

Mi madre dice que nosotros vivimos en la capital de cococdrilandia, ahí donde los sueños  vuelan  paseando desde el cielo, las nubes y la tierra, dice que los ángeles con sus alas celestiales salen de paseo por las noches, que vuelan tan rápido que muchas veces no los podemos ver bien, que comienzan a salir  de las diez de la noche en adelante.

Cuando no tengo sueño, al asomarme por la ventana  donde refleja la luz lunar, me quedo viendo el cielo, procurando no parpadear para ver si es cierto y verificar la rapidez de esos ángeles  voladores, de los que cuenta mamá, cuando salió el primer ángel me sorprendió, lo vi tan grande, grande que venía directo a mí, me asuste de repente  que parpadeé  rápidamente, se asusto el gallo en las ramas del árbol que con su pecho erguido  aplaudiendo con sus alas.  Comenzó a cantar sin detenerse que hiso al sol  levantarse, ya era el día siguiente y solo pude contar un ángel.

Le conté a mi madre y me dijo.

-Hijito de mi vida, ¡que sueño más hermoso! , ¡Tuviste la noche  de ayer!
-Le dije que no fue un sueño, que era una realidad.
-¡que lindo mi cielo!, ¡serás  un buen hombre!
- ¿por qué madre mía? Me dices eso con tanta seguridad.
-Y se quedo calladita  y   sus ojitos  se le veían tan lindos  junto a una sonrisa  de sus labios tiernos, que me dio un beso en la frente  y a su pecho me llevó  con sus divinos brazos.

A la noche siguiente  era miércoles de ceniza, me fui para la iglesia  a confesarme con el señor sacerdote y me dio absolución, rece tres padres nuestros  con tres avemarías,

  Y llegó la noche siguiente, en mi frente llevaba  la cruz de ceniza bendita,  que había puesto el jefe de la iglesia, hice mi oración de costumbre y cerré mis dos parpados de mis ojitos,  pero la luz de la luna  obligó a mis parpados a abrirlos  y la curiosidad  me doblego, de nuevo fui a ver por la ventana  principal, ya eran las once de la noche  y ahora eran tres luceros ángeles, que venían directo a nuestra casa , quise gritar  de alegría  llenándome de  esplendor que desprendían  de todo su cuerpo tan blanquísimo  y de nuevo el gallo con su canto y gritando más fuerte, cantaba y cantaba sin detenerse, pero esta vez,  el sol traía miles de pájaros volando,  que venían cantando  desde el lejano oriente , me pareció verlos halando  los rayos  candentes  o quizá  venían enseñando el camino  al sol reluciente,  que siempre hacia  embellecer a las flores,  que las vestía de miles de clores,  entre ellas  rosas ,claveles, girasoles ,violetas ,jazmines, que bailaban al compas del viento,  de un lado para el otro sintiéndose  por todos los rincones   de nuestro hermoso hogar;  le volví  a contar a mi madre y me dijo:

-          Mi muchachito lindo  ¡tu serás un gran poeta!,  con lo que dices me convences  como si fuera cierto  todo lo que me cuentas.   
-          ¡Madre no es mentira! , ¡ellos han llegado bastante cerca de mí!
-          Ven hijo mío, toma mis brazos,  eres el rey de la casa te doy todo  mi cariño  mi amor  y bendición.

-          Ahora madre tengo mi corazón solo para ti  y quiero que esta noche  te quedes conmigo a dormir y verás que  esos luceros que me cuentas vienen hacia mí.

-          Esa noche, en ese día la madre sorprendida  se quedó con su hijito del alma  ante la ventana para contemplar  y apagar la duda que la embargaba por ver y oír la seguridad  de aquel infante niño; de hecho, llegó la noche como de costumbre y comenzaron  las luciérnagas  con su luz , a,  alumbrar  y los grillos a cantar, después de la oración,  se sentaron junto a la ventana, a esperar  a tan mencionados ángeles , el cielo comenzó a vestirse  de estrellas  por doquier, de repente  comenzaron los luceros , ha, aparecer salían de repente y de repente se escondían, ya era media noche  y la madre con su hijito sorprendidos que jamás sintieron frio,  de tan alegres  de ver  la pista de baile en el cielo, de miles de bailarines  que danzaban sin detenerse , esta vez  se durmió el gallo,  o, quizá  se le olvido que tenía que cantar  y al sol no salía o quizá se pusieron de acuerdo  en tardarse más de la cuenta; aprovecho el niño para preguntar a su madre,
-          madre mía, te pregunto ¿Por qué  existen muchas estrellas en el cielo?
-          porque Dios la  ha creado así.
-          ¿y todas son Ángeles, Arcángeles, Querubines y Serafines mamá?
-          A demás tienen el alma pura, sin mancha alguna.
-          ¿por eso  todos los ángeles, son vestidos de blanco madre?
-           Si hijo mío, porque ellos son intocables por nosotros los humanos
-          ¿y no trabajan como tú?
-           El trabajo de ellos es cuidar a la humanidad y de concedernos permiso de vivir aquí  en  esta tierra ,
-          ¿Ellos comen madre?
-          Solo Dios lo sabe hijo, de seguro  tienen que comer para poder estar donde están.
-           ¿Estás parpadeando madre?
-          No mi niño,
-          ¿ya viste que  vienen hacia nosotros  tres ángeles madre?
-          Si mi niño.
-          ¿ya viste que vienen marchando miles de golondrinas, y traen de la mano al sol?
-           Las veo venir  y vienen cantando.
-          Ya va a cantar el gallo madre, ya verás
-           En ese momento cantó el gallo fuertemente  y el alba  venia corriendo como desesperada  o como si el sol la venia siguiendo o quizá huyendo de  él, ya  había amanecido,  la madre  tenía a su hijo en brazos y les  alumbro por la ventana  los luminosos rayos de l sol. El niño dijo a su madre
-          Viste mamita, viste que no te mentía que era cierto lo que te decía de los ángeles. La madre beso en la frente a su niño  y dijo
-          Sigue durmiendo mi niño, sigue durmiendo. Que ya saldrá el cocodrilo a asolearse   sobre las piedras del rio  y de  aquí le veremos  cuando  sobre él  salten los sapos y las ranas  y el río sucio  corra más  lleno, como de costumbre porque traerá las aguas del refugio ¡Mira… !, allá se le ve la cola  ¿ya la viste ? – ¡haaaaa!, de verdad madre, allí estáaaa,  ahora entiendo por que dices que vivimos en la capital de    CO-CO-DRI-LAN-DIA … ¡Porque aquí hay co-co-dri-los !.
-          ¡Porrrr- eesooo!...
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