martes, 26 de mayo de 2009

¿Será este un milagro?, para mí, es un gran milagro


Nota:
Espero haber podido expresarme correctamente y no confundir a nadie con este escrito; mi intención no es que nadie crea en nada ni en nadie, mi intención es comentar que para mí los milagros existen; y que pueden existir para todos los que acepten recibirlos. Aceptar recibirlos no significa aceptar creer en Dios, tampoco en ser religioso, o menos creer en un "guía religioso"

Desde que nació con menos de 2 kilos de pesos, la vida continuó de manera normal para mi hijo, y solo después de los 27 días en la incubadora, intubado y con sondas por todas partes. El primero de tantos milagros en su vida se había manifestado para mí.
Si bien es cierto que la labor de médicos, enfermeras y muchos más colaboró con la recuperación de mi hijo, no puedo negar que de un momento de inspiración mi corazón tomó como propio un milagro que de la noche a la mañana, literalmente, cambio el pésimo estado de mi hijo.
Criado como un niño normal, pero con más cuidados por la fragilidad de su cuerpo, transcurrieron 8 meses. Desde esa edad hasta bastante más grande los estragos de la ventilación artificial hicieron mella en sus pulmones; esa evidencia se podía ver en las placas de rayos x; sus pulmones parecían razgados por un gato.

Durante toda la vida, y mientras vivimos en El Salvador, mi hijo tuvo su atencón médica con quien estuvo a su cuidado en la sala de neonatos en la Primero de Mayo del ISSS, y a quien además considero uno de los mejores médicos que he conocido en 5 países diferentes; no solo por la calidad profesional, lo acertado de sus diagnósticos, sino también por la calidad y calidez humana del Dr. Moisés Arévalo; y si eso fuera poco un gran amigo.
A los 8 meses de edad, mi pequeño “Morito”, comenzó con una serie de complicaciones respiratorias que nos mantenían en la consulta semana tras semana, y hospitalizándolo a cada rato.

Afortunadamente, y gracias a Dios que a través del trabajo que tenía me permitía tener seguro médico hospitalario. Así mi hijo pasó unas buenas temporadas en el hospital, todas por bronco espasmo o relacionadas a las vías respiratorias.



Para no hacer largo el cuento, un gran defecto mío, casi a los 4 años de edad, sabiendo que mi hijo tenía asma crónica, lo que no dejaba que ni siquiera se comiera un dulce, no podía darle una paleta, y menos una minuta, mi hijo no era como los demás, no podía cansarse, no podía correr, no podía excitarse demasiado con ninguna actividad por que los aerosoles o el hospital lo esperaban; y a nosotros como padres significa largas noches de desvelo cuidando que respirara, noches que duraban semanas.


Para esos días, yo era un súper detractor de Toby y su iglesia. Esta parte necesito explicarla con mucho cuidado, pues puede ser sensible o generar pensamientos que creo son inconvenientes o incluso poco acertados. La cosa es que siempre decía que ese tipo era un vividor, un tipejo, un tipo de poca monta, aprovechado, y que además se lucraba de la gente. Realmente nunca lo había escuchado, eso para mí era denigrante.


Un día mientras venía de mi trabajo, un poco harto de todo quería escuchar música diferente, y vaya que mis gustos musicales son especiales, solo Radio El Mundo se acercaba un poco, me gustaba la Femenina, me gustaba la YXY, y otras. Pero ese día por una u otra razón me detuve en la estación donde un tipo hablaba maravillas de San Francisco de Asís; me quede escuchando y me gustó mucho su predica; para mi sorpresa con el pasar de los minutos me doy cuenta que ese tipo era Toby. Vaya maravilla. No hay que escupir para arriba, pues ya saben lo que pasa.


Ese era un Culto de Milagros, el de los viernes a las 6 de la tarde. Lo comencé a escuchar, mi necesidad de milagros era evidente. Me gustaba su predica; de alguna forma sabía que el mensajero no es lo importante, sino el mensaje. Siempre seguí pensando que Toby era medio depravado, demasiado rico y que me debía adoptar para tener esos privilegios a costa de la gente; pero sus sermones se me hacían más y más agradables.


Luego los viernes, como fuera, debía escuchar el Culto de Milagros, ese culto tenía un secreto guardado para mí, lo sabía en el fondo de mi corazón. Luego no bastó con escuchar la radio, quería ir. Siempre medio tarado me preguntaba donde quedaba la bendita iglesia, y me decían en la Escalón, y aunque no me crean me costó dar con ella.

Un viernes estando en el culto, comenzó Toby con lo que yo llamó su único momento de contacto con el Amor, y es el único que basta, a decir un fulanito esta sanando de esto a este lado, otra persona está siendo sanada por allá, etc. Desde un viernes antes yo sabía que mi milagro se había concedido, no gracias a Toby, sino gracias a la fuente que provee los milagros. La Fuente del Amor.


Ese viernes, mencionó que un padre estaba orando por la salud de su hijo que padecía de problemas respiratorios, y no recuerdo si señalo o no hacía donde yo estaba, y sin embargo me apoderé del milagro. Esa noche llegue a mi casa diciendo que mi hijo estaba sano, aún cuando recuerdo se me llenan los ojos de lágrimas; y le dije a mi esposa, el niño está bien; hemos recibido el milagro en el nombre de Jesús. Como loco o por loco, ya no sé, le dije esta noche no más medicina, me opuse ciegamente y quizá peligrosamente a que se le administrarán los medicamentos.

El día siguiente tome a mi hijo y le dije que se fuera conmigo a dar una vuelta. Caminamos desde la San José I hasta Unicentro, todo por el centro de la calle de Oro. Varios kilómetros. Esa fue quizá la más bella caminata que he dado con mi hijo. Comió lo que nunca había comido, minutas, paletas y hasta dulces le zampé.

Ni una traza de la bendita asma, ni la más mínima señal, ni la más remota idea de que mi hijo hubiera tenido asma. No le dio bronco espasmo, no le dio ningún tipo de ataque; Dios me había regalado otro milagro con él, de la noche a la mañana.


Hoy, casi 10 años después de su cuarto cumpleaños, puedo decir que GRACIAS A DIOS, mi hijo no volvió a experimentar un bronco espasmo, el asma desapareció; su salud se restableció al 1000 por ciento.
Si ese no es un milagro, entonces ¿cómo le llamo?

Hoy con el tiempo, habiendo leído un poco más, con un poco más de amor en mi corazón, comprendo que Toby no hizo el milagro, en aquella época comprendí que es el mensaje el importante, no el mensajero, hoy lo sigo sosteniendo. Las acciones de Toby dejan demasiado que desear; pero él como cada uno de nosotros es un mensajero y el Amor me dice que lo que percibo no es tan importante como el mensaje. Toby se equivoca en mucho, y sobre todo por que su filiación política es orientada a seguir explotando al pobre. Sin embargo no soy quien para juzgarlo, ni a él, ni a nadie. ¿Si Dios no juzga por qué debo juzgar yo?

Toby no hace milagros por ser pastor; Toby no hace milagros desde mi punto de vista; pero es un mensajero. Los milagros los hace Dios; y cada uno de nosotros puede recibir o no estos de acuerdo a nuestra propia voluntad. No necesitammos intermediarios, no necesitamos muchas veces ni siquiera pedirlos, solo estirar la mano para recibirlos.

El mensaje cristiano de Toby es quizá un mensaje propio, muchas veces lejos de Cristo; por lo que no debe confundirse mi expresión de mensajero con todas las actividades de Toby, son dos cosas diferentes a través de una misma persona. No siempre nuestros mensajes están de acuerdo con los mensajes de Dios.

Hoy puedo decir que me sigo persignando, que admiro a muchos santos y sacerdotes, como también admiró a pastores de iglesias evangélicas; mi paso por el Tabernáculo fue necesario para mi crecimiento espiritual. Hoy disfruto tanto de los cantos budistas que podían decir que soy Hare Krishna, pero el llamado a la oración en las mezquitas de Istambul me llego hasta el fondo del alma. Tanto como el Padre Nuestro cantado en San Salvador.


Quiero decir que no soy religioso, porque la religión es innecesaria. No soy seguidor de nadie, solo sigo mi camino, un camino en mi interior, el cual tiene etapas, las cuales yo determino conscientemente o incoscientemente.

Los milagros ahora son parte de mi cotidianidad, los milagros no están al alcance de una oración, solo de una decisión de tomarlos o no. Hay que saber orientar a nuestro corazón para recibir. Sin embargo la oración o la meditación muchas veces nos permiten darnos cuenta de que están allí, antes de haberlos pedido.

¿Si tu hijo sana de la noche a la mañana, dejando atrás la medicina, le llamarías milagro?
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