lunes, 4 de julio de 2011

Carta a Mi Padre, Aristarco Azul


“CARTA A MI PADRE”
Te mando estas palabras donde quiera que te encuentres,  mi estimado padre,   viva huella
 de mi rostro, mi tez, tristeza profunda
 pero con amor  penetrante  y valor,
de  vivir en esta pequeña gran tierra,
donde Dios nos ha mandado a pasear.
Óyeme pues,  sin tropiezo, que si ahora muero,  no quedará testigo  de mi, si no lo digo  ante ti,  mi buen doble,  mi  héroe  de las batallas de  estos cincuenta abriles,  donde estoy quedando ciego igual  que  tú,  solo fija mis gustos,  añoro los rayos de plata  que tienes,   que en repetidas veces busco la artista de la luna, para que me pinte  el cabello para estar como tú, confundirme  junto  Santa Claus  con una nieve  blanca como la tuya.
Mírome pues, ya con pinceladas sobre mi coronilla y mi alegría  se confunde entre mis recuerdos,  al recordarte  joven,  cuando me veo en el espejo  y en las aguas de la posa donde pescábamos  a diario con  la cañuela,
y jugábamos balompié en la cancha, encumbrando,  piscucha con las cartas para ver quien volaba más alto,  con los baleros de acero quebrando las canicas de vidrio que lloré  en repetidas veces,   con el trompo  sobre la  cueva de la güimba, veme padre del alma,  que soy tu retrato  y dejo en tu decisión,  mi porvenir de de mi camino,  donde  pasaste obligado, y, yo obligado te encerré en ese  embase,  donde quedaste inmóvil  y te oramos toda la noche  con candelas de cebo.
 ahí ,donde dormido te encuentras y a mí  el tiempo me está doblegando, que me lleva de la mano  y me está dando sueño para soñar igual que tú, nada más con la diferencia  que  dejaste en mi recuerdo  al amor   de mi madre  a  quien amaste sin medida, y yo lloré con dolor en el alma porque la dejaste en mis manos,  pero Dios me la quito, hace ya mucho tiempo, ya que la amaste  y, yo la adoré.
Ahora   padre,  con tu permiso, quisiera brindar  en tu nombre  una copa  con vino tinto, con cinco décadas de añejo, para  no sentir que se desvanece el pedacito grande de mi alma,  que me diste al engendrarme en el vientre de  tu amor eterno, mi progenitora  y divina madre o tu divino amor eterno, por quien lloraste  para que ella  saciara tus anhelos y deseos  carnales y quedar en sus brazos  tendido y satisfecho  de sus besos  sagrados,  eme  aquí padre y dadme el sendero  por el que viajaste  al otro arcano  amen…

                                              Aristarco Azul
                                            17/06/2011 
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